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El Internet de las Cosas es más que una invención lujosa. Se trata de una tendencia que, al promover la interacción entre aparatos electrónicos y entre estos y los usuarios, puede sumar puntos a la productividad empresarial.

El internet de las cosas no es un término nuevo. Fue acuñado en 1999 por Kevin Ashton, pionero tecnológico del Massachusetts Institute of Technology (MIT), para designar la “interacción digital de objetos cotidianos en internet”. Desde entonces, son muchos los productos que se han creado siguiendo esta premisa, que se basa en las propiedades de los sensores. Algunos de los más populares son los que monitorean el ritmo cardiaco durante la actividad deportiva.

Sin embargo, la evolución de esta tecnología en el país podría dar un salto representativo porque la Agencia Nacional del Espectro (ANE) trabaja desde hace varios años en la posibilidad de actualizar las bandas de uso no licenciado y espera que se dé el visto bueno a una propuesta normativa al respecto que presentó al sector de telecomunicaciones en 2015.

Esto permitiría, según el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, destinar 50 gigahercios al Internet de las Cosas. Con esa autopista se facilitaría el “despliegue masivo de dispositivos inalámbricos en innumerables aplicaciones”, afirmó en su momento la ANE. Así mismo, contribuiría a la modernización en los hogares. Además, promovería la innovación y el emprendimiento de base tecnológica en el país y se convertiría en una plataforma de despegue de la productividad en las empresas de todos los sectores porque el alcance de estos desarrollos va más allá de ser un simple servicio suntuario.

Se mueven los negocios

Para alcanzar la meta, afirma Nicolás Jodal, CEO de GeneXus, hay cuatro factores fundamentales en la consolidación de esta nueva realidad. Los móviles, las tabletas, los smartphones y los wearables (principalmente relojes) serán el centro de mando de las personas y les permitirán interactuar con todos los aparatos que se requiera. La nube será el escenario donde se aloje la información que arrojen los aparatos y las aplicaciones que permitirán a las personas conectarse con ellos sin afectar la memoria de los dispositivos.

Por otro lado, se experimentará una expansión de los sensores porque a través de ellos se realiza la conexión entre dispositivos y se incrementará la ubicación a través de beacons o sensores de proximidad. Estos permiten a los aparatos detectar la ubicación de las personas y así empezar a trabajar: cuando un usuario se acerque a su oficina, por ejemplo, podrá activar la calefacción para encontrar un ambiente confortable cuando ingrese o habilitar el buzón de voz para escuchar sus mensajes antes de sentarse en su escritorio.

Nelson Londoño, gerente de Desarrollo de Negocio de Intel, afirma que en vista del crecimiento constante del Internet de las Cosas, la compañía decidió enfocarse en el desarrollo de apps, software y contenidos digitales. “Según un estudio realizado por IDC, el Internet de las Cosas moverá más de US$7 billones en 2020, los wearables han marcado la tendencia, pero las empresas también tienen oportunidades de negocio. Es necesario prepararnos porque estamos a tan solo cinco años de que todo esté realmente conectado”, afirma.

Aunque el alza en el precio del dólar también podría afectar esta industria, otras marcas, como Logitech, le apuestan a lo que será tendencia en 2016, mientras el Internet de las Cosas se consolida en el país, un proceso que a su juicio tardará tiempo. “Este año tomará

más fuerza lo inalámbrico, como lo concerniente a parlantería bluetooth, o las cámaras de seguridad para el hogar”, afirma Diego León, Sales Manager para Colombia de esta compañía suiza.

Estado: conectado

Aunque algunas empresas cuentan con sistemas de gestión de inventarios que les permiten conocer en qué estado están y cuál es la rotación de sus productos, el Internet de las Cosas empezó a ser popular gracias a la domótica. Este concepto se refiere a la integración de tecnologías tendiente a automatizar una vivienda en términos de seguridad, energía, comunicaciones, calefacción, entre otras variables, gracias a controladores y sensores que se instalan en los inmuebles.

En un hogar y oficina automatizada es posible cerrar las cortinas o persianas sin levantarse del sofá, encender la chimenea y dejar que esta regule la temperatura o programar el encendido y apagado de las luces. Sin embargo, esta tendencia también se ha trasladado a otros campos. La empresa colombiana Be Wear lanzó Loop, una marca de dispositivos con apariencia de accesorios como anillos o brazaletes que tienen un botón de pánico que el usuario puede activar si se siente en peligro o tiene una emergencia.

La compañía de origen chino BYD, por su lado, presentó a finales de 2015 la Smart Key, una llave que cuenta con sensores de radiofrecuencia y permite al conductor de un carro encenderlo, abrirlo y hasta parquearlo a control remoto. De la generación de wearables, el reloj Apple Watch es el más reconocido por contener las funcionalidades de un Smartphone ajustadas a la muñeca del usuario, pero seguramente no será el último porque el Internet de las Cosas llegó para quedarse.

Automatización industrial

Sebastián Giraldo, gerente de Automatización de Productos para la zona Andina de Schneider Electric, afirma que “la automatización industrial está por delante de otros sectores en términos de su preparación para el Internet de las Cosas (IoT) y para el Internet de las Cosas Industrial (IIoT). Cuando se mira el despliegue de los sensores y actuadores hasta el nivel más bajo, tenemos la ventaja de ofrecer muchos ‘ojos’ que visualicen el estado de los procesos”.

Teniendo en cuenta que aún hay mucho por hacer en esta área, la compañía seguirá enriqueciendo su portafolio que hoy incluye códigos QR dinámicos para diagnósticos inteligentes que ayudan a reducir el tiempo de inactividad de la planta y otras referencias que al determinar el tiempo de inactividad en una planta o promover la colaboración en los departamentos de sistemas comprueban que adoptar el Internet de las Cosas es apostarle a la productividad.