Facebook
Twitter
Youtube
Youtube
VerdadAbierta.com

A finales de los años 70, al terminar mis estudios y mi maestría en prospección geofísica y exploración  de petróleo en Alemania y Austria, comencé a trabajar en Colombia y Venezuela con una multinacional petrolera. Como mi trabajo era la exploración geofísica, tenía que supervisar la adquisición de datos sísmicos en lugares, generalmente selváticos y vírgenes, donde vivían comunidades de muy bajos recursos económicos. En contraste, me impactaba ver cómo alrededor del mundo petrolero se veía tanta ostentación y riqueza. Había helicópteros, trailers gigantescos, equipos sofisticados, buffets y reuniones sociales que se tenían en nuestros campamentos privados, donde parecía no existir un límite en el derroche de dinero, estábamos en la bonanza petrolera. Era como estar en un oasis en medio del desierto.

Poco a poco, fui comparando la diferencia en la forma de vida nuestra y la de quienes vivían a nuestro alrededor en aldeas cercanas o pueblos. Comencé a ver que ellos reciclaban lo que nosotros desechábamos y botábamos, recogían la comida que sobraba, los medicamentos vencidos, las revistas, los repuestos dañados, etc. Cuando cualquiera de nosotros se enfermaba o sucedía un accidente, éramos transportados a la ciudad más cercana en helicóptero o en otros medios de transporte para que recibiéramos la mejor atención médica. Ellos podían morir en sus casas por falta de dinero. Y veía como mientras nosotros teníamos un trabajo bien remunerado y vivíamos cómodamente, ellos se aglomeraban alrededor de nuestros campamentos días y semanas, formando una malla humana que obstaculizaba la entrada, esperando cualquier oportunidad de trabajo, así fuera temporal.

Esos contrastes me sacudían interiormente y me inspiraron a buscar soluciones para que esas personas pudieran tener nuevas oportunidades de vida. Logré convencer uno a uno a los directivos de la compañía de la importancia de dar sin esperar nada a cambio. Les hice ver que en nuestras manos estaba el ayudar a estas personas y que teníamos los medios para hacerlo. Kirk Girouard, gerente general de Western Geophysical, con su gran corazón, inteligencia y visión apoyó esta iniciativa.

Empezamos a crear una red de apoyo que comenzó a expandirse y contagió los corazones de la mayoría de integrantes de nuestro equipo. Cada uno trabajó motivado por el amor a los demás. Esta idea, que comenzó en Maracaibo (Venezuela), se replicó después en Colombia y otros países de América.

Nos dedicamos a trabajar con las comunidades, bajo la filosofía de no dar el pescado, sino enseñar a pescar, dar máquinas de coser y materiales para que la gente pudiera hacer los uniformes y la lencería que necesitábamos nosotros, a los maestros de las escuelas les colaboramos al darles material para sus alumnos y mejorar la infraestructura, realizamos campañas médicas para nutrir y prevenir las enfermedades como malaria, paludismo o hepatitis, apoyamos el surgimiento de microempresas y cooperativas para que nos suministraran los insumos que necesitábamos en nuestros campamentos, trabajábamos con los centros de salud en programas de nutrición y complementábamos los tratamientos médicos con acupuntura y sanación pránica, pues había aprendido estas técnicas en Europa y Oriente). 

Esta experiencia fue inolvidable. Lo que más nos sorprendió fue que aumentó la producción, bajaron los costos y todos fuimos recompensados. Hace poco, me encontré con dos compañeros de trabajo de esa época, quienes con alegría y nostalgia recordaron con lujo de detalles aquellos momentos inolvidables.

Por eso hoy, cuando participo como ponente en congresos de alta gerencia, liderazgo o valores y me preguntan respecto a la responsabilidad social empresarial siempre contesto que más que responsabilidad lo que las empresas deben tener es conciencia social empresarial. La responsabilidad es una actitud impuesta, postiza y temporal. La conciencia, cuando se despierta, es natural,  permanente, nace desde el corazón y fluye libre. 

Considero que para hablar de una verdadera responsabilidad social empresarial debemos comenzar por cambiar el concepto que tenemos de ella y empezar a mirarla desde otra perspectiva.

Los accionistas, presidentes y gerentes de las compañías deben tratar de abrir sus mentes y concebir ese concepto no tanto como una estrategia empresarial, sino como un principio fundamental de las orgnizaciones. Generalmente, ese concepto se usa como herramienta para satisfacer intereses particulares camuflados en una falsa bondad, que traer beneficios económicos (disminución de impuestos) y publicitarios (mejora su imagen corporativa).

Cuando la responsabilidad social es parte de un principio de la compañía, cada decisión que se tome respecto a este tema nace desde el corazón de las cabezas de la misma y se pueden alinear los procesos productivos y comerciales con un fin social. Cuando existe este balance, se puede benefeciar a los empleados; las comunidades, sociedades, fundaciones y ONG´s con las que la compañía se compromete; y, por último, a la naturaleza.