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Para hablar de avanzar es necesario revisar lo hecho anteriormente, asumir la responsabilidad sobre consecuencias generadas, sanar brechas emocionales ocasionadas, tender puentes que unan esfuerzos de manera constructiva y visualizar un futuro de inclusión.

Parece obvio, sacado tal vez de bestsellers de gurús de desarrollo personal que venden miles de copias y ofrecen conferencias de asistencia masiva. Pero realmente es la suma de lo que ninguna ciencia o ambicioso proyecto empresarial podrían alcanzar, en ausencia del valor profundo que tiene la reparación humana. Hablo del proyecto de reconciliarnos como colombianos con el propósito de aportar a una convivencia que nos permita construir un mejor futuro para las actuales y nuevas generaciones.

¿Es eso posible? Cada vez que hago la pregunta la mayoría de adultos anticipa su respuesta racional y diplomática con un estrecho silencio acompañado de gestos de duda y escepticismo. Los niños, por su parte, inician inmediatamente con un fuerte grito de sí, levantando sus brazos. Muchas víctimas del conflicto en nuestro país responden inmediatamente de manera afirmativa con la emoción que llena el guardar esperanza, lejos de las posesiones o la zona de confort mínima de unas necesidades básicas resueltas.

Sé que muchos empresarios han aportado desde hace bastante tiempo a la reconciliación con proyectos reales productivos y de generación de ingresos para poblaciones vulnerables. La vida nos presenta permanentemente situaciones para contribuir desde nuestras fortalezas, haciendo muy bien lo que sabemos hacer mejor. Tal vez lo más importante es hacerlo en los escenarios de convivencia diaria. Involucrándonos activamente y desde nuestro legado con nuestras familias.

Todos los expertos propios y los que han pasado por Colombia han insistido en la necesidad de mantener una memoria histórica, para avanzar hay que evitar que el olvido arrastre con las lecciones cuan duras sean, porque solo en ellas podremos reflejarnos permanentemente para contener su repetición. Las versiones de los hechos permiten que los actores relaten sus vivencias, se dé voz a quienes no la han tenido, se reconozca la dimensión de los efectos causados y las causas mismas.

Alcanzar el perdón es un proceso que implica avanzar. Muchas religiones incluyen el perdón como elemento fundamental del equilibrio. No se trata de levantar la pena al ofensor ni mucho menos del olvido. El perdón es una opción personal genuina que comienza por reconocer la magnitud del daño ocasionado y recibido, aceptar los sentimientos de dolor, rabia, impotencia. Valioso es que el causantedel daño sea explícito en pedir perdón, porque reconoce su efecto y la simbología que lo acompañe es importante para marcar un punto a partir del cual la acción se dirija hacia un posible diálogo.

Aún si el perdón proviene de una sola de las partes, la reconciliación exige la participación de dos. En tanto exista un compromiso de eliminar por completo la posibilidad de repetir el daño, la modificación de conductas es fundamental para avanzar. Se trata de re-construir confianza entre seres humanos y entre más visibilidad, mayores garantías para que los deseos se conviertan en hechos concretos para la reparación. Reparar es crear nuevas condiciones, más allá de añorar estados anteriores. Por tanto, implica valor, persistencia y compromiso.

Los invito a seguir de cerca la iniciativa de reconciliación que articulan la empresa privada, los gobiernos locales y las organizaciones sociales (reconciliacioncolombia.com) de forma tal que puedan unirse en cada región, así como reflexionar acerca de cómo alcanzar este bienestar emocional tan importante desde nuestros hogares y nuestros trabajos.