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Algunos lo califican como el peor tratado de libre comercio firmado por Colombia en su historia, mientras que otros lo catalogan como la mejor oportunidad de acceder a un mercado de más de 200 millones de habitantes. Lo cierto es que, como en todo TLC, la Alianza del Pacífico tendrá ganadores y perdedores.

Por: Ricardo Solarte

Un tratado de libre comercio siem­pre tendrá amigos y detractores. Eso es inevitable, pues en una economía tan di­versa como la colombiana no todos pue­den salir ganando. Sin embargo, deben ser más los que ganen con esta decisión. Al menos esa debería ser la lógica del gobierno. La discusión más agitada en estas lides la vivió el país en el tratado de libre comercio con Estados Unidos donde se escucharon voces a favor y en contra. Sin embargo, la decisión se tomó, y ahora, luego de dos años de vigencia, estamos viendo los resultados: buenos para algunos sectores de la industria, y regulares y malos para algunos del agro.

Ahora el país está enfrascado en una nueva discusión: la Alianza del Pacífico. En este caso el gobierno la ha presentado como una figura más ambiciosa que va más allá de un simple acuerdo comercial y avanzaría hacia la integración total de los países miembros. Lo malo, según las voces inconformes concentradas espe­cialmente en la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), es que bajo esta fi­gura se le está haciendo el quite al con­trol constitucional que tiene una integra­ción comercial. En esta figura se habla de Protocolo comercial y no de TLC, razón por la cual, de manera soterrada se esta­rían eliminando las barreras arancelarias con México, Perú y Chile, sin el debate respectivo en el Congreso.

Esa manera poco transparente en que se ha llevado a cabo la discusión le ha traído inconvenientes a la figura. Al rechazo de los agricultores, se sumó el revés que sufrió en días recientes con la Corte Constitucional, quien declaró inexequible la Ley 1628 de 2013 que le dio vida a la integración. El alto tribu­nal justifica su decisión por los vicios de forma, aunque hay quienes, como el presidente de la SAC, Rafael Mejía, han argumentado temas de fondo en la in conveniencia de ese tratado para mu­chos de los productores del agro. El go­bierno hizo mal la tarea, y como pasa en el colegio, hay que repetirla desde cero.

¿Por qué no gusta la alianza a los agricultores?

Cuando se le pregunta al Presidente de la Federación Nacional de Arroceros, Fedearroz, Rafael Hernández, las razo nes por las que no le gusta la iniciativa dice que "nos puede llevar a más proble­mas de los que tenemos ya causados con los TLC, porque aquí no se excluyen los productos sensibles, como es el caso del arroz. Y siguen metiéndonos en tratados sin que el gobierno se haya preocupa­do por mejorar nuestra competitividad".

Las principales preocupaciones de la SAC son productos como el del arroz, el banano y el café. Para Rafael Mejía, los esperados beneficios que anuncia el gobierno resultan ilusorios porque Colombia no puede vender su banano a México, Chile o Perú por ser merca­dos de bajo precio si se compara con la Unión Europea o Estados Unidos.

En lo que tiene que ver con el café, Colombia obtuvo, a juicio de los agri­cultores, una reducción muy baja de la tasa base arancelaria que pasó de 72% a 65% en café procesado. Pero ni si­quiera se podría aprovechar, pues el país exporta su café en un 98% en gra­no y a mercados de alto valor y no a los de bajo valor como México o Chile. En este caso, Colombia es un importador de café de bajo costo, con lo que segu­ro beneficiará aún más a México y en riquecerá su amplio margen de más de 5 mil millones de dólares de superávit comercial frente a nuestro país.

Para los agricultores, la inserción en Asia Pacífico constituye una gran limitante para los intereses comercia­les de Colombia porque el parámetro de acceso que se brinda a los mercados asiáticos es el pre-negociado por Chile, México y Perú, que atendió los intereses de esos países, y no los de Colombia. En pocas palabras, este tratado no les gusta ni cinco. Y así lo han hecho sentir las 47 asociaciones del sector agrícola que están afiliadas a la SAC.

Y es que la crisis del agro de la que se habla tanto por estos días de paros campesinos, tiene que ver precisamen­te con dos karmas: los TLC, para los que no estaban preparados, y el contra­bando, que es el flagelo que en mayor medida los tiene golpeados. En el caso del arroz, Rafael Hernández sostiene que al menos unas 400 mil toneladas al año ingresan al país de manera ile­gal, a precios con los que es difícil com­petir. Esto es casi una quinta parte de lo que los arroceros colombianos pro­ducen anualmente, si se tiene en cuen­ta que esa producción es de 2,5 millo­nes de toneladas.

Bueno pero malo

La exministra de Agricultura, Cecilia López Montaño, tiene sentimientos en­contrados con respecto de la Alianza del Pacífico, para ella el problema de los tratados de libre comercio no está en la figura, sino en la manera en que se han implementado. "En Colombia pensamos que los TLC son los que nos dan la oferta exportable y eso no es cierto", sostiene. López considera que lo bueno de esta alianza es que se trata de países en condiciones simila­res, y si se avanza más allá del comer­cio, como lo quiere el gobierno, y se llega a homologación educativa, eso podría beneficiar a más personas del sector servicios.

Pero lo malo es que por ser tan si­milares, las ofertas exportables tam­bién se parecen, con la desventaja para Colombia de que los empresarios loca­les tienen menos vocación exportadora que sus pares de Perú, Chile y México. Otra de las desventajas tiene que ver con la infraestructura. "El puerto más im­portante del Pacífico es Buenaventura, y esa ciudad es un desastre social. Con la gravedad de que unas pocas perso­nas se han vuelto millonarias con la pri vatización de ese puerto", dice López Montaño.

El tema del puerto ha despertado toda clase de indignación en Colombia. Para muchos, la idea de hacer la cum­bre para firmar el protocolo comer­cial de la alianza en febrero pasado fue una bofetada del Presidente Santos a Buenaventura, Cali, y al Pacífico colom­biano y, seguramente, le pasará la cuen­ta de cobro en las elecciones presiden­ciales de este 25 de mayo. El gobierno salió a decir que no había por qué mo­lestarse y que "Todos somos Pacífico", pero el daño ya estaba hecho.

Los industriales sí quieren alianza

Pero si por los lados del agro están que echan chispas con la firma de la inte­gración comercial con los vecinos de la cuenca del Pacífico, por los lados de la industria están de plácemes. El sector privado colombiano representado en la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, Andi, respalda el acuer­do, y salieron a manifestar su preocu­pación cuando la Corte Constitucional lo tumbó. Consideran que el gobierno debe adelantar cuanto antes el trámite para que se subsanen los errores y se avance en la integración.

Y es que el panorama es positivo y no se parece en nada al del agro. Según la Andi, dentro de los resultados de la negociación, el 92% del comercio intra-alianza queda libre de aranceles y sólo aquellos productos sensibles, como la avicultura, pesca, algunas hortalizas, algunas frutas, arroz, aceites y prepa­raciones alimenticias, queda en plazos de entre 3 y 17 años.

Dentro de los logros en materia no comercial se encuentran el levantamien­to de las visas para nacionales de los cuatro países (hasta por 60 días, para actividades no remuneradas), el esta­blecimiento de una oficina conjunta en Estambul entre las agencias de promo­ción y el otorgamiento de becas para es­tudiantes de pregrado, posgrado y para profesores de los países miembros.

De acuerdo con los industriales, esta alianza constituye una población de 209 millones de habitantes, convirtiéndose en el bloque económico más importan­te de la región, por lo que Japón, Nueva Zelanda, Costa Rica, Panamá y España han presentado su solicitud para adhe­rirse como observadores.

Pero también tienen sus reparos. La Andi cree que es necesario insistir en el acceso de los productos metalmecáni cos, en particular al mercado mexicano. "El principio general de toda negocia­ción debe ser mejorar las condiciones actuales, lo cual en esta negociación no se dio en relación a los acuerdos bi­laterales", sostiene en un comunicado.

Ni muy muy, ni tan tan

Lo cierto es que la Alianza del Pacífico, como muchos de los tratados de li­bre comercio que Colombia ha firma­do hasta el momento, no es la panacea, pero tampoco la debacle para la econo­mía nacional. Hay sectores sacrificados como el agro, que tendrán unos tiempos de desgravación para que sigan prepa­rándose, pero por los lados de la indus­tria están viendo oportunidades grandes para ampliar sus mercados. De hecho hay empresas colombianas que tienen presencia en estos países para quienes esta alianza cae de perlas. Este es el caso de Decameron Hoteles y Studio F con presencia en Chile; y Grupo Sura, Pat Primo y Ecopetrol en Perú.

Las posiciones frente a este tipo de tratados son diversas y algunas extre­mas. El senador Jorge Enrique Robledo del Polo Democrático, por ejemplo, acusó de manera formal al Presidente Santos por traición a la patria al consi­derar que "la Alianza del Pacífico es el peor TLC que haya suscrito Colombia, pues además de hacerle un daño de enormes proporciones al aparato pro­ductivo, el gobierno pretende poner­lo en vigencia sin que el Congreso y la opinión pública discutan los detalles del tratado y ni siquiera se sepa lo pac­tado". Según cuentas de Robledo esto sería cavar la tumba de los arroceros, pues los costos de producción del arroz en México son de USD$1.410, mientras que en Colombia son de USD$2.776, casi el doble.

Pero por el lado de los economis­tas no hay tal panorama tan negro. Una investigación realizada por el BBVA Research sostiene que esta alianza cre­cerá a un ritmo que duplicará el de los países del Mercosur en 2014 y 2015. "Respecto a hace tres meses, revisa­mos ligeramente al alza el crecimien­to promedio de la Alianza del Pacífico hasta el 3,8% en 2014 y 3,7% en 2015, mientras que el de Mercosur llegará hasta el 1,5% y 1,8%, respectivamen te. Nuevamente serán los tres países andinos, Perú, Colombia y Chile los que —junto con Paraguay— presenten un mayor dinamismo en 2014 y 2015", sostiene Juan Ruiz, economista jefe de BBVA Research para América del Sur.

Así las cosas el optimismo debería ser moderado frente a lo que esta alianza le traiga al país. Sobre todo porque la ex­periencia del TLC firmado con Estados Unidos nos dejó una lección: cuando las expectativas que se crean son muy altas, la desilusión también lo es. Lo que se ha visto hasta el momento con ese TLC es un incremento en las importaciones des­de EE.UU., mientras el crecimiento en las exportaciones colombianas hacia ese mercado está en veremos.