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chinaEl comercio exterior entre China y América Latina superó los US$2.600 millones y convirtió a ese país en el segundo socio de la región. Sin embargo, es necesario que Colombia tome urgentemente medidas para profundizar su relación con este país asiático.

Por: Oscar Galeano *World LinkAsia Limited

Estamos acostumbrados a escuchar “es puro cuento chino”, una frase que tiene una connotación negativa en nuestra sociedad. Pero lo cierto es que no hay ningún cuento y así lo evidencian los resultados comerciales del país asiático. En 2013 superaron los US$4 billones, las exportaciones aumentaron 7.9% y las importaciones 7.3%.

El comercio exterior entre China y América Latina, superó los US$2.600 millones y se posicionó como el segundo socio comercial de la región. Además, cuenta con tres acuerdos comerciales con Chile, Costa Rica y Perú. La demanda de materias primas de este gigante disparó los precios de commodities ofrecidos por la región, beneficiando enormemente a quienes los producen. No obstante, antes de que se acabe este cuarto de hora los países de la región deben invertir y prepararse para lo que viene si quieren aprovechar las oportunidades que presenta la transformación china.

Actualmente, por ejemplo, contamos con una menor diferencia en las escalas salariales; China está pasando de ser un país netamente exportador a desarrollar un consumo interno, y, según lo afirma en su último plan quinquenal (el décimo segundo), tiene el propósito de seguir avanzando en la negociación de acuerdos comerciales con economías emergentes y países en desarrollo como los de América Latina.

Colombia ¿de cara o de espaldas al renacimiento chino?

A pesar de que China hoy día es el segundo socio comercial de Colombia, la realidad es que le falta mucho camino por recorrer. Mientras que en 2013 Chile exportó productos al gigante asiático por un monto total de US$8.637 millones, según informa el Banco Central de Chile, Colombia exportó solo US$4.488 millones. De acuerdo con declaraciones del ex ministro de Comercio Exterior, Carlos Ronderos, “Colombia ha afrontado el comercio con China como un país temeroso. Tenemos muchas salvaguardas, sobretasas y trabas que terminan afectando el interés de los chinos para venir y también para comprarnos productos”.

Es importante, además, entender que este país cuenta con cuatro niveles de relación: amistad, cooperación, asociación estratégica y asociación estratégica integral. En 2010 se cumplieron 30 años de relaciones diplomáticas entre China y Colombia, y se consolidó una relación amistosa. El presidente Xi Jinping es amigo de Colombia. Aunque políticamente existe el deseo de abrirse al mundo, en la práctica hay muchos asuntos que resolver como la infraestructura. Colombia no es un país que ha abierto su mentalidad y no entiende la realidad de la globalización.

Los chinos son buenos negociadores, buscan beneficio mutuo y cuando alguien busca ventajas solo para su lado es un pésimo negociador. Si se trabaja estratégicamente se puede conseguir un complemento muy importante para el bienestar de ambas naciones.

El impacto de China ya no es cuento, y se sigue dando para quienes han hecho la tarea de ponerse al día en temas de competitividad. Y para quienes no han hecho la tarea existen también consecuencias, como la enfermedad holandesa y la reducción de la industria manufacturera, que es el caso colombiano.

Lo cierto es que llevamos más de 30 años de diálogo político para generar un nivel de amistad con China, no hemos trascendido de manera estratégica en el tema económico y nos metimos el cuento de acuerdos forjados en los años 80 que no avanzan y sobre los cuales no hay cumplimiento, así como memorandos de entendimiento sin gestión ni resultados reales.

Debemos pasar del cuento a una realidad, mediante un enfoque estratégico para aprovechar las ventajas del crecimiento de una potencia inevitable en un momento donde el eje de desarrollo está en el pacífico, para lo cual, lo ideal es un esfuerzo público-privado.

Colombia debe tomar medidas para profundizar las relaciones comerciales con China, sin enfocarse en un TLC como el principio del camino o el punto de partida para comenzar esfuerzos en pro de un acercamiento comercial estructurado, sino que puede adelantar otras acciones previas para ir concretando acuerdos y entendimientos en temas prioritarios de interés para los dos países como son la inversión, la infraestructura, los requisitos sanitarios y fitosanitarios, la exploración de oportunidades de colaboración respecto al agro y venta de alimentos, dejando el foco en productos energéticos y ampliando el espectro.

Un punto de partida que ofrece muy buenas posibilidades para Colombia en su acercamiento comercial con China se genera con la Alianza del Pacifico, con la cual se podrán estructurar cadenas de valor que permitan la complementación entre productos y servicios, como, por ejemplo, intensificar proyectos agroindustriales para generar un territorio ampliado y satisfacer las necesidades del gigante asiático en este sentido.

El desarrollo de China ofrece un aprendizaje para Colombia y América Latina, y vale la pena resaltar su pragmatismo como un elemento primordial para este desarrollo impresionante y digno de imitar.