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Hablar es una acción mecánica, pero conversar significa poner los sentidos al servicio de las relaciones con los demás. Es posible modificar el lenguaje para que esas interacciones sean positivas y útiles en el ámbito corporativo.

Por: Sandra Mateus, Profesional Managment Coach ICL – CPA / www.coachsandramateus.com / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

El coaching es conversación pura, se parte de la base que construimos nuestra realidad a partir de nuestro lenguaje. Es aquí cuando comenzamos a diferenciar el hablar del conversar. En el primer acto, hacemos uso de nuestra natural habilidad para expresarnos. Emitimos sonidos fonéticos descifrados por quienes comparten nuestro código lingüístico o hablan nuestro mismo idioma.

Conversar va más allá. Es el arte de conectar con el otro a partir del involucramiento de nuestros sentidos. Es una danza, leía recientemente, entre el hablar y el escuchar. En una conversación eficaz expresamos hechos y juicios fundados, escuchamos, nos damos permiso de sentir y avanzamos hacia nuestros objetivos. Somos el resultado de nuestras conversaciones, desde las privadas o aquello que nos decimos cuando abrimos los ojos en la mañana, hasta las públicas en espacios como los corporativos.

Porque ¿qué son las empresas sino redes de relaciones y qué son las relaciones sino el fruto de las conversaciones? Todo proceso, acción y tarea involucran estos dos componentes. Si lo llevamos al área personal, cada uno puede ser considerado como un Yo Corp. Bajo esa mirada, ¿qué son mis resultados sino el reflejo de lo que han o están siendo mis relaciones y mis conversaciones?

¿Qué nos decimos cuando se nos presenta una dificultad? ¿En qué enfocamos nuestros pensamientos cuando vamos caminando, en el transporte público, manejando el auto o almorzando? ¿Empoderamos nuestras dificultades o nuestras posibilidades de solución?

Imaginémonos a un Yo Corp y a una organización de cualquier tamaño o actividad productiva en donde predominan las conversaciones “sin posibilidad”. Ahí se refuerza la persistencia de explicaciones y abundan los “no me lo va a aceptar”, “nunca lo hicimos así”, “no empecemos nada todavía”. Ahora trasladémonos a otra en donde existen las conversaciones “con posibilidad” como “podemos mejorar y a la vez disminuir costos”, “no estaba contemplado, pero es una alternativa que empezamos a estudiar”, “es algo que no había hecho antes, pero me capacitaré para lograrlo”.

Uno de los principales desafíos es identificar cuál es el patrón de conversación que existe en la actualidad. ¿Escucho a los demás, al entorno o solo a  mí mismo? ¿Está escuchando la empresa los estados de ánimo latentes que guían las acciones y conversaciones de sus colaboradores? Esto es parte de lo que hacemos en los procesos de coaching: responsabilizarnos y darnos cuenta de cómo estamos construyendo nuestra realidad para ajustar o adquirir competencias que nos lleven hacia lo que queremos.

Si las organizaciones, y nuestro Yo Corp, son una red de relaciones y conversaciones, ¿qué tan sólida es hoy? Y si mis resultados son consecuencias del patrón de conversaciones que he alentado a lo largo de mi vida, ¿estoy satisfecho con ellos? Si no, ¿qué conversaciones me han llevado a esto? Desarrollar las competencias conversacionales no es tarea de un día, se debe dar un paso a la vez. ¿Si comenzamos hoy? ¿Qué conversaciones harán falta para abrir posibilidades en 2016?